martes, 8 de octubre de 2024

Dieta especial para personas que se encuentran dentro del trastorno de espectro autista (TEA)

 

Dieta especial para personas que se encuentran dentro del trastorno de espectro autista (TEA)

RESUMEN

El autismo es una alteración neuropsicológica que suele aparecer a edad temprana y permanece hasta la edad adulta, y que presenta una prevalencia cada vez mayor. Existe un desacuerdo en cuanto a su etiología, la cual no está clara, pero sí se conocen sus manifestaciones, las cuales están relacionadas con las principales áreas del desarrollo que les hacen tener unos comportamientos y actitudes característicos. Por esta razón, se incluye en el grupo de trastornos del desarrollo. Los individuos con TEA presentan una serie de alteraciones fisiológicas a nivel del sistema gastrointestinal, concretamente relacionadas con modificaciones en el microbiota gastrointestinal, donde se da una variación en el número de microrganismos habituales, y en la permeabilidad del intestino. Esto hace que el microbiota pierda su función de barrera contra agentes patógenos, los cuales son capaces de atravesarla y provocar daños que dan lugar a las distintas manifestaciones características del TEA. Además, los individuos con TEA suelen presentar selectividad alimentaria, término que se utiliza para hacer referencia a la comida que rechazan, la escasa variedad y las ingestas restrictivas en algunos alimentos que se ingieren habitualmente. Por tanto, es muy importante el diagnóstico temprano de la patología, para poder hacer una intervención nutricional precoz con el fin de evitar desequilibrios nutricionales. Uno de los tratamientos propuestos para intentar solucionarlo es un tratamiento basado en la dieta, en la que se incluye la dieta libre de gluten y caseína, dieta cetogénica, dieta de carbohidratos específicos y dieta baja en oxalato, así como el aporte de suplementos alimenticios como ácidos grasos omega-3, probióticos, o vitaminas.

 

Descriptores: Autismo, trastorno, TEA, dieta y gluten.


INTRODUCCIÓN

El trastorno del espectro autista (TEA) es un trastorno del neurodesarrollo que se caracteriza por dificultades en la comunicación social, así como por la presencia de intereses restringidos y comportamientos repetitivos. Según la Organización Mundial de la Salud, la prevalencia internacional del TEA, es del 0,76%, lo que equivale al 16% de la población infantil a nivel mundial. Las primeras señales de alerta, incluyen deficiencias en el contacto visual, falta de respuesta al nombre, dificultad para mostrar y compartir, ausencia de gestos a los 12 meses y pérdida de habilidades sociales o del lenguaje. El diagnóstico y las intervenciones para este trastorno se basan en los criterios del Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-V) para los trastornos del espectro autista.

Los síntomas gastrointestinales son comunes en niños con TEA e incluyen problemas como cambios en los hábitos intestinales, dolor abdominal crónico, reflujo y vómitos. Es importante tener en cuenta que, si estos síntomas no se tratan, pueden empeorar los problemas de comportamiento en los niños con TEA, ya que se asocian con una mayor irritabilidad, ira, conductas agresivas y trastornos del sueño. Las intervenciones principales para ayudar a aliviar los síntomas del TEA incluyen estrategias psicosociales como intervenciones educativas, terapias del habla, terapias conductuales y del desarrollo, así como programas para mejorar las habilidades parentales. Algunos estudios sugieren que los suplementos dietéticos y nutricionales pueden ayudar a aliviar los síntomas del TEA y a mejorar la eficacia de las estrategias y terapias utilizadas.

En resumen, una dieta enriquecida con nutrientes como probióticos, vitaminas B y C, omega-3 y baja en gluten puede tener efectos positivos en niños con TEA. Estos nutrientes juegan un papel importante en el metabolismo y pueden contribuir a mejorar los síntomas asociados con este trastorno. En la presente investigación se explora más a fondo los efectos de una dieta enriquecida en nutrientes probióticos, vitamina B y C, omega 3 y bajas cantidades de gluten, sobre los signos y síntomas de las personas que se encuentran dentro del espectro autista.


TRASTORNO DEL ESPECTRO AUTISTA (TEA)

El autismo

La palabra autismo fue definida por primera vez a finales de la Segunda Guerra Mundial, en 1943, por el psiquiatra austriaco Léo Kanner, que describió un síndrome comportamental caracterizado por la alteración del lenguaje, de las relaciones sociales y de los procesos cognitivos. La definición la extrajo a partir de la observación de once niños pequeños que presentaban un patrón conductual similar. En la década de los ochenta del siglo XX el autismo se concibe como un síndrome conductual que afecta tanto al desarrollo cognitivo como al afectivo, considerándolo como un trastorno generalizado del desarrollo (TGD).

El modelo de autismo se consolidó según lo definió Kanner y se fue perfilando cada vez con más precisión. En 1979, Lorna Wing, usó el término “Síndrome de Asperger” para describir a un subgrupo de pacientes dentro del espectro autista. Definió lo que se conoce como “la triada de Wing”, triada de características presentes en todas las personas con trastornos del espectro autista: deficiencia en relaciones sociales, en la comunicación y en la capacidad de crear juegos de ficción. En los inicios del siglo XXI aparece el DSM 5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales 5) sustituyendo la denominación actual de trastornos generalizados del desarrollo por la de trastornos del espectro autista (TEA) incluyendo el trastorno autista, el trastorno de Asperger, el trastorno desintegrativo infantil y el trastorno autista no especificado. El TEA se puede definir, según el DSM 5, como “un trastorno del neurodesarrollo de origen neurobiológico e inicio en la infancia, que afecta tanto al desarrollo de la comunicación social como de la conducta, con la presencia de comportamientos e intereses repetitivos y restringidos. Presenta una evolución crónica, con diferentes grados de afectación, adaptación funcional y funcionamiento en el área del lenguaje y desarrollo intelectual, según el caso y momento evolutivo” (Hervás et al., 2017).

 Factores de riesgo del trastorno del espectro autista.

Existen una serie de factores de riesgo comunes para el TEA: factores genéticos y factores ambientales.

ü  Factores genéticos: el más importante es tener uno o varios familiares con TEA.

En tal caso, el riesgo de tener otro hijo con TEA está entre 10 y 20 veces más que en la población general. Si hay un hermano afectado por TEA, la probabilidad de padecerlo aumenta hasta un 50%. Cuando se trata de gemelos monocigotos (mismo material genético), la probabilidad de que ambos padezcan un TEA es del 60% pudiéndose incrementar al 90% si hay una alteración en la capacidad de interacción social.

ü  Factores ambientales: pueden darse antes y durante el parto

• Edad avanzada tanto del padre como de la madre.

• Enfermedades de la madre durante el embarazo que activen reacciones inmunológicas, como el lupus eritematoso sistémico.

• Nacimiento prematuro y con bajo peso.

• Problemas durante el parto, sobre todo, falta de suministro de oxígeno al cerebro del bebé.

• Exposiciones prenatales a medicamentos, como el ácido valproico durante la gestación para tratar la epilepsia.

• Exposición de madres embarazadas a altos niveles de pesticidas y contaminación del aire.

Estos factores por sí solos no causan TEA, es la combinación de ambos lo que aumenta el riesgo de padecerlo.

Existen hipótesis que incluyen en los factores ambientales antes mencionados, la alteración en la composición del microbiota gastrointestinal, considerándola como una de las mayores causas del trastorno. El estudio se centra en el eje intestino-cerebro, donde tienen lugar los mecanismos y las interacciones de las señales sensoriales y señales bioquímicas que se dan entre el alimento, el tracto gastrointestinal y el sistema nervioso.

Una alteración permanente en la composición o función del microbiota, conocida como disbiosis, puede alterar las funciones inmunológicas, el metabolismo, la permeabilidad intestinal y la motilidad digestiva, produciéndose un estado proinflamatorio que conlleva a la aparición de enfermedades digestivas, neurológicas, autoinmunes y neoplásicas (Passos y Moraes-Filho, 2017).

 Por todo ello, han aumentado los estudios que relacionan los TEA con las alteraciones intestinales y del microbiota. Esta relación podría constituir una alternativa nutricional para prevenir y tratar los síntomas del TEA. Existen una amplia variedad de tratamientos, entre los que podemos encontrar aquellos que se centran en la dieta y en la salud intestinal, utilizando dietas sin caseína y sin gluten, suplementos con pre- y probióticos y suplementos multivitamínicos (Van de Sande et al., 2014).

Sistema gastrointestinal en personas con trastorno del espectro autista.

·         Sistema gastrointestinal.

Uno de los principales problemas que se observan en los pacientes autistas, y sobre todo en los niños, es la gran variedad de anomalías gastrointestinales que presentan. Entre ellas se incluyen: malabsorción, mala digestión, crecimiento excesivo de microbios (hongos, bacterias y virus) y permeabilidad intestinal anormal, que pueden causar síntomas como: estreñimiento crónico, diarrea, dolor abdominal crónico, esofagitis por reflujo, gastritis crónica y duodenitis crónica.

Sin embargo, muchos de los pacientes con los que se llevan a cabo los estudios, no son muy expresivos y no manifiestan su malestar gastrointestinal, si no que reaccionan al dolor mediante otras conductas como autoestimulación y rabietas.

Dentro las anomalías gastrointestinales comentadas, es importante tener especialmente en cuenta las alteraciones en la microflora gastrointestinal de estos individuos, ya que es un problema muy común. En ella se ha encontrado la proliferación de bacterias anormales gramnegativas aeróbicas que producen endotoxinas, como Staphylococcus aureus y Escherichia coli. Esto es peligroso, puesto que pueden ocasionar una lesión intestinal persistente.

Se puede pensar, que el tratamiento con un antibiótico frente a estas bacterias podría ser la solución para eliminarlas, sin embargo, en un estudio realizado en autistas con estas características y con un antibiótico de tipo no absorbible, se consiguió eliminar dicha microflora anormal y una disminución de los síntomas gastrointestinales y las conductas autistas, pero el tratamiento no resultó efectivo, puesto que al poco tiempo las bacterias anormales volvieron a aparecer en los individuos.

·         Microbiota gastrointestinal.

Se denomina microbiota gastrointestinal, también conocida como microflora, a un conjunto de microorganismos vivos (bacterias, virus y algunos eucariotas) que se encuentran en el tubo digestivo y que se han adaptado a vivir en él, especialmente, en la superficie del intestino. Dicha colonización del tracto digestivo tiene lugar inmediatamente después del nacimiento, de manera que en el recién nacido se va formando la microflora, procedente de la madre y del entorno.

El microbiota actúa como barrera frente a los agentes agresivos del intestino como los patógenos, compitiendo con éstos por los nutrientes y sitios de unión, produciendo sustancias inhibitorias y evitando su penetración en el intestino. Así, se establece una relación de simbiosis entre el microbiota y el organismo humano de la que se obtienen beneficios mutuos. Esto permite que se mantenga las funciones inmunológicas, metabólicas y motoras de manera normal, y que se lleve a cabo una correcta digestión y absorción de nutrientes.

Una alteración permanente en la composición o función del microbiota, que es lo que conocemos como disbiosis, puede alterar la sensibilidad visceral, la motilidad y permeabilidad intestinal, la respuesta inmune, pudiendo originar o favorecer la aparición de distintas enfermedades.

Estas alteraciones pueden relacionarse con la aparición del autismo, ya que una mucosa intestinal disfuncional facilita la absorción de toxinas, productos bacterianos, linfocitos, citoquinas proinflamatorias y neurotransmisores. Éstos pueden llegar al torrente sanguíneo, atravesar la barrera hematoencefálica y provocar neuro inflamación, dando lugar a lo que se conoce como eje cerebro-intestino-microbioma.

·         Permeabilidad intestinal.

La permeabilidad intestinal a pequeñas moléculas solubles en agua está regulada por las uniones estrechas, que son un complejo de proteínas que se abren y cierran en respuesta a diferentes estímulos como la dieta o la señalización humoral o neuronal. Entre dicho complejo, existe evidencia de que la familia de las claudinas (proteínas transmembrana) y la zonulina están involucradas en la regulación de la permeabilidad selectiva.

En estados patológicos este equilibrio se rompe y la zonulina aumenta, lo cual se relaciona con disfunción en las uniones estrechas. Además, fisiológicamente, la exposición del intestino a las bacterias y al gluten, desencadena la liberación de zonulina. Por esta razón, algunos estudios sugieren que los individuos con TEA presentan la función de la barrera epitelial dañada, con una permeabilidad intestinal aumentada (también conocido como “intestino filtrante”); mientras que otros defienden que estas personas son propensas a la alergia al gluten, por lo que sería razonable suponer que la zonulina podría estar involucrada en este proceso.

Por otro lado, el aumento de la permeabilidad intestinal está relacionado con la sensibilidad y alergias a los alimentos que dan lugar a un aumento de algunas moléculas ya nombradas (inmunoglobulinas, citocinas inflamatorias contra proteínas alimentarias específicas y algunos anticuerpos como lactoglobulina, caseína y β-lactoglobulina).

En el caso del gluten y la caseína, éstos atraviesan la barrera intestinal filtrante formando glucoteomorfinas y caseomorfinas que posteriormente producen efectos sobre el sistema nervioso central (eje cerebro-intestino-microbioma).6 Por esta razón, se ha estudiado la posibilidad de tratamiento del autismo llevando a cabo una dieta de exclusión de gluten y caseína.

En resumen, las pruebas disponibles indican que un porcentaje significativo de los autistas tienen diversas alteraciones gastrointestinales, entre las que encontramos reflujo gastroesofágico, duodenitis, ileítis, colitis, disbiosis, aumento de la permeabilidad intestinal y reacciones inmunitarias a proteínas alimentarias específicas.

Selectividad alimentaria en personas con trastorno del espectro autista.

La selectividad de los alimentos en individuos con TEA, principalmente en niños, es importante, puesto que está asociada a una ingesta dietética inadecuada. Los niños con TEA presentan factores de riesgo en la dieta por una ingesta inadecuada de nutrientes asociada a una alimentación selectiva en la que se incluye la falta de variedad en la dieta, preferencia por alimentos con alto contenido en energía o pobres en nutrientes, consumo de menos frutas y verduras y mayor consumo de bebidas azucaradas. Por el momento, existe poca información sobre la relación entre la alimentación selectiva de los niños con TEA y los factores dietéticos, pero sí se conoce que existe una mayor prevalencia de rechazo de alimentos y un repertorio limitado de éstos entre los niños con TEA en comparación con los niños con desarrollo típico.

 Este rechazo puede surgir por múltiples razones fisiológicas y/o de comportamiento. En un estudio realizado para comprobar la selectividad alimentaria y rechazo a alimentos entre niños con TEA y niños con desarrollo típico se observó que los niños con TEA eran significativamente más propensos a rechazar alimentos en función de su textura/consistencia, sabor/olor, mezclas, marca y forma. La causa del rechazo de determinados alimentos según este estudio se basa en las características de dichos alimentos, que puede estar relacionada con las deficiencias en el procesamiento sensorial, la sensibilidad oral o táctil o la rigidez conductual. Los alimentos presentan unas determinadas características sensoriales que hacen que las personas con deficiencias sientan frustración y vean disminuida su capacidad para comportarse de manera socialmente aceptada a la hora de comer en su día a día.

Estas dificultades que presentan los niños con TEA para alimentarse, en forma de conductas indeseables en las comidas y/o deficiencias en las habilidades, pueden causar preocupación en los padres e impacto en la dinámica familiar, ya que una mala nutrición puede tener una repercusión en el desarrollo y en la salud de estos individuos. Así, cualquier desviación con respecto a un estado nutricional normal (obesidad, sobrepeso, caquexia) en pacientes con TEA debería ser una señal para los especialistas para instaurar un tratamiento dietético. Por tanto, de manera general, es importante que los individuos autistas sigan una dieta controlada por un especialista que le permita llevar a cabo una alimentación correcta y equilibrada en la que no se produzcan deficiencias nutricionales que puedan tener repercusiones posteriores sobre su salud.

Intervención nutricional en personas con trastorno del espectro autista.

Se ha comprobado que reducir el consumo de determinados productos está asociado a una disminución en la incidencia de numerosos desórdenes relacionados con síntomas gastrointestinales. Por ello, en este caso, se debe centrar en un tratamiento que tiene como base principal la nutrición. La nutrición adecuada es esencial para cualquier persona, pero puede ser especialmente importante para las personas con autismo. Algunos individuos con autismo pueden tener necesidades dietéticas específicas debido a sensibilidades alimentarias, alergias u otros factores. Además, una dieta equilibrada puede influir positivamente en el comportamiento, el estado de ánimo y la función cognitiva de las personas con autismo.

Dieta libre de gluten y caseína (LGLC)

Esta dieta es la alternativa más comúnmente utilizada, lo cual podemos justificar debido a la sensibilización de alimentos que presentan los individuos con TEA, mencionado anteriormente. Además de los problemas gastrointestinales, inflamación intestinal y aumento de la permeabilidad intestinal, el gluten y la caseína pueden producir muchas manifestaciones neurológicas características del autismo. Diversas investigaciones han señalado la posible relación existente entre el consumo de leche de vaca y cereales con gluten, con una serie de trastornos como las alergias, las intolerancias alimenticias y los efectos opiáceos de estos alimentos; pudiendo provocar deficiencias alimentarias y algunos síntomas conductuales en niños dentro del espectro autista. Por esta razón, esta dieta consiste en eliminar por completo aquellos productos que son fuente principal de estas dos proteínas.

La caseína es la proteína principal de la leche de vaca y otros productos de alimentación diaria. La eliminación de estos alimentos puede dar lugar a insuficiencias de calcio, mineral imprescindible para la correcta formación y desarrollo de los huesos y dientes de los niños. Afortunadamente, hay alternativas que permiten solventar este problema, ya que existen otros productos procedentes de la leche de oveja o cabra que tienen una composición similar a la leche de vaca. Sin embargo, hay que tener en cuenta que éstos podrían dar lugar a la aparición de nuevas alergias.

La caseína y el gluten, por su estructura no pueden ser digeridas por completo. Esto se conoce como deficiencia enzimática y hace que muchos niños con TEA no puedan desdoblar las proteínas. Como consecuencia de esta deficiencia, se forman unos péptidos denominados gluteomorfina y caseomorfina, que pueden actuar como opiáceos, ya que son péptidos bioactivos que pueden atravesar la membrana intestinal y llegar a tejidos periféricos a través de la circulación sistémica, pudiendo alterar el metabolismo celular como inductores hormonales y neurotransmisores.

En el caso de la caseomorfina, la evidencia científica afirma que la única enzima conocida capaz de hidrolizarla es la Dipeptidil Peptidasa IV (DPP-IV), la cual se encuentra ausente o disminuida en niños con TEA debido a mecanismos genéticos o porque ha sido desactivada (por ejemplo, por algún mecanismo autoinmune). Se sospecha que ésta puede ser una de las causas posibles de las anormalidades de estos niños.

En el caso del gluten, los individuos que no pueden metabolizarlo, producen gliadina-A, molécula que se une a los receptores opiáceos C y D, los cuales están asociados a alteraciones en el estado de ánimo y en la conducta. En relación a las anormalidades en la conducta de los niños con autismo, se reconoce a la conexión cerebro-intestino con una base fisiopatológica entre dolencias gastrointestinales y una variedad de enfermedades neurológicas, donde el deterioro en la permeabilidad intestinal es el enlace para explicar la asociación entre el autismo, la respuesta inmune inadecuada, la alergia a múltiples alimentos, el sobre crecimiento de hongos y el déficit de micronutrientes.

Por tanto, se ha considerado que llevar a cabo esta dieta libre de gluten y caseína es una intervención muy eficaz para mejorar los síntomas principales del autismo: síntomas GI (gastrointestinales), contacto visual, hiperactividad, interacción social y hábitos alimentarios. Existen diversos grupos de apoyo y foros on line en los que padres de niños con autismo comentan que dicha dieta favorece cambios significativos y positivos en los síntomas mencionados. Sin embargo, solo hay dos estudios comparativos en torno a la eficacia de esta dieta en el tratamiento del autismo, pero los dos obtuvieron resultados positivos. Además, la mayoría de médicos consideran que la dieta debe tener una duración de al menos 60 días para evaluar su eficacia.

Por otro lado, se debe tener en cuenta que el mantenimiento de esta dieta puede ser muy estresante para los niños; puesto que éstos suelen ser antojadizos, y además puede suponer un gasto adicional económico, ya que los alimentos que componen esta dieta suelen ser costosos. Es muy importante que esta dieta (al igual que todas) sea supervisada por un profesional, el cual debe controlar principalmente que el aporte calórico y el peso del niño sea el correcto, con el objetivo de evitar posibles deficiencias nutricionales que podrían aparecer si esto no se controla.

 Cuando se inicia un tratamiento, es primordial conocer si los cambios que se producen en el paciente son debidos a dicho tratamiento o a otros factores externos. De modo que es importante que cuando se inicia el tratamiento con la dieta de exclusión de gluten y caseína, no se realicen otros cambios adicionales en el paciente (como el inicio de complementos nutricionales), para así poder asegurar de que la posible mejoría o no de la conducta o síntomas autistas se deban únicamente y pueden atribuirse a este cambio en la dieta.

Dieta cetogénica

También, conocida como dieta keto, en su forma abreviada, es un plan de alimentación bajo en carbohidratos y rico en grasas que ofrece muchos beneficios para la salud.Se trata de una dieta con un alto porcentaje de grasas, una baja cantidad de hidratos de carbono y un adecuado aporte de proteínas. Se diseña con una proporción específica de grasas frente a carbohidratos y proteínas. Existen cuatro tipos de dietas cetogénicas: la clásica, la que contiene triglicéridos de cadena mediana, la modificada de Atkins y la de bajo índice glucémico. La dieta cetogénica está implicada en diversos mecanismos de acción, incluyendo, el efecto antiepiléptico directo de los cuerpos cetónicos, la acción antiinflamatoria, la estabilización de la membrana neuronal, la modificación de receptores y canales iónicos, y la regulación del metabolismo redox mitocondrial al aumentar la expresión de las proteínas desacopladas.

La dieta debe usarse durante 2-3 años después de un periodo inicial de ayuno, cuando la concentración de cetonas en la orina alcanza los niveles requeridos. Durante la dieta, el cuerpo se encuentra en el estado de cetosis, donde se produce un cambio metabólico por el uso de glucosa, y la principal fuente de energía son los compuestos cetónicos formados a partir de ácidos grasos en la sangre. El tratamiento con dietas cetogénicas en pacientes con TEA requiere de un control tanto del médico como del dietista. Durante el tratamiento los pacientes deben controlar la concentración de cuerpos cetónicos en el suero sanguíneo, sino existe un alto riesgo de que ocurran trastornos metabólicos.

Dieta de carbohidratos específicos (SCD)

Fue la primera dieta descrita e introducida como uno de los posibles métodos para el tratamiento del autismo. Aunque inicialmente fue utilizada en pacientes con enteropatía inflamatoria, enfermedad celiaca y otros problemas intestinales, posteriormente ha sido utilizada en pacientes autistas. La dieta de carbohidratos específicos tiene como propósito aliviar los síntomas de malabsorción y prevenir el crecimiento de la microflora intestinal patógena.

En esta dieta se recomiendan principalmente monosacáridos, cuyas fuentes son la fruta, algunas verduras y la miel, entre otros, mientras que se restringe el consumo de carbohidratos complejos. El objetivo principal de esta dieta es restaurar la función normal del intestino y prevenir el desarrollo de microorganismos patógenos intestinales. Los alimentos que se recomiendan son carne, huevo, quesos naturales, yogur casero, verduras (repollo, coliflor, cebolla, espinacas, pimientos), fruta fresca, nueces y lentejas.

Dieta baja en oxalato.

En la disfunción del sistema gastrointestinal, ciertas sustancias como los oxalatos pueden afectar al desarrollo neurológico de los niños y causar anormalidades en el sistema nervioso. En pacientes con TEA se han encontrado concentraciones tres veces mayores de oxalato en plasma y en orina en comparación con los valores recomendados.

Los alimentos especialmente ricos en oxalatos son las espinacas, remolachas, cacao, té negro, higos, ralladura de limón, manzanas verdes, uvas negras, kiwis, mandarinas, fresas, bayas, avena, trigo, anacardos, avellanas, almendras y arándanos. Los pacientes con TEA deben limitar la ingesta de oxalatos a 40-50 mg/día. Durante el tratamiento con dieta baja en oxalato, los pacientes deben recibir suplementos según corresponda, como arginina, taurina, vitaminas A y E, glucosamina, tiamina, magnesio, citrato, calcio y zinc.

Suplementos dietéticos.

Ácidos grasos omega-3

Un déficit o insuficiencia de ácidos grasos omega-3 puede afectar al desarrollo normal del sistema nervioso en niños, dando lugar a pérdida de la concentración, hiperactividad, dislexia, dispraxia y TEA.

 Es frecuente que niños autistas presenten niveles de ácidos grasos omega-3 disminuidos, razón por la cual éstos se utilizan como complementos nutricionales en el tratamiento del autismo, mejorando su capacidad lingüística, lectura, pronunciación y habilidades matemáticas.

 La dosis de ácidos grasos omega-3 no está establecida, pero se conoce que una dosis demasiado elevada puede desencadenar hiperactividad en algunos niños. Por esta razón, el tratamiento se inicia a dosis bajas y se van aumentando progresivamente.

Probióticos

Los probióticos son bacterias similares a las bacterias beneficiosas que se producen naturalmente en el intestino humano. También se conocen como “microorganismos vivos que, cuando se administran en cantidades adecuadas, confieren un beneficio para la salud del huésped”. Los efectos de éstos varían según la especie y la cepa o cepas de bacterias elegidas, las diferencias genéticas y la naturaleza de las interacciones entre bacterias y huéspedes.

 La investigación sobre probióticos ha demostrado su eficacia en una amplia variedad de problemas de salud, incluidos los síntomas gastrointestinales (frecuentes en individuos con TEA) y además, han demostrado actividad para influir en el sistema inmunitario del huésped. Por estas razones, se puede considerar útil el uso de probióticos como tratamiento en niños con TEA.

Los individuos sanos tienen la barrera intestinal intacta, lo cual es fundamental para mantener un buen estado de salud y prevenir lesiones en los tejidos, sin embargo, esto no se cumple en individuos con TEA, los cuales suelen presentar una serie de parámetros anormales (presencia de inmunoglobulinas o moléculas del complemento) que sugieren la presencia de procesos inflamatorios y/o componentes autoinmunes que pueden afectar a la integridad de dicha barrera.

 Los probióticos son capaces de estabilizar la barrera mucosa mediante un aumento en la expresión de algunas moléculas, reduciendo el crecimiento excesivo de bacterias y sintetizando sustancias antioxidantes. De manera que esto podría ser una posible justificación de que los probióticos pueden desempeñar un papel importante en el mantenimiento o mejora de la función de la barrera intestinal. Además, se ha demostrado que probióticos específicos tienen éxito en prevenir la recurrencia de la inflamación en algunas situaciones y enfermedades como la enfermedad inflamatoria intestinal. Sin embargo, debido a las controversias que existen en cuanto a la naturaleza de la patología gastrointestinal en el TEA, los estudios que abordan el uso de los probióticos pueden tener que limitarse al tratamiento de los síntomas gastrointestinales. Además, no existen estudios bien diseñados que afirmen su eficacia en humanos, aunque en estudios con animales, prácticamente todas las funciones gastrointestinales alteradas en el TEA han mejorado con el uso de probióticos.

Por tanto, los probióticos pueden ser útiles para restablecer el equilibrio microbiano en el intestino, aliviar problemas gastrointestinales y disminuir anomalías inmunológicas. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los ensayos deben realizarse con grupos de tamaño suficiente y seleccionar las cepas bacterianas más adecuadas.

Vitaminas

Vitamina B6 y magnesio

La vitamina B6 participa en la síntesis de neurotransmisores como la serotonina, el ácidoaminobutírico (GABA), dopamina (DA), noradrenalina (NE) y epinefrina (E). Los individuos con TEA pueden presentar una síntesis bioquímica anormal de estos neurotransmisores, así como una deficiencia de minerales y vitaminas asociada a una función intestinal anormal y sistemas inmunes dañados. Se ha demostrado que al tratar a las personas con TEA con suplementos dietéticos de vitamina B6 y magnesio mejoraron significativamente su comportamiento en comparación con los que no lo tomaron.

Vitamina C

La vitamina C es esencial para muchos procesos bioquímicos involucrados en la síntesis de neurotransmisores y también tiene propiedades antioxidantes para proteger el cuerpo contra los radicales libres. Se considera que la vitamina C previene la desregulación del cerebro reduciendo así la inflamación cerebral. Se han realizado estudios sobre el efecto de los suplementos multivitamínicos en dosis moderadas, que contienen vitamina C, y los especialistas consideran que los suplementos con vitamina C son apropiados para personas con TEA que presentan niveles bajos de esta vitamina en suero, ya que puede afectar positivamente al comportamiento patológico de personas con este trastorno. La tolerancia de vitamina C en personas con TEA puede ser variable, por lo tanto, los pacientes deben ser monitorizados continuamente por un médico.

Vitamina A

La suplementación con vitamina A puede ser efectiva para tratar los síntomas del TEA, ya que, según un estudio, hay ausencia de un gen específico en pacientes con TEA que codifica una proteína esencial en la síntesis de vitamina A. Por ello, se observó que la terapia con suplementación de vitamina A mejoraba las habilidades del lenguaje y la atención en personas con TEA. Es importante tener en cuenta que cualquier suplemento de vitamina A debe realizarse bajo la supervisión del personal médico, ya que solo existe una pequeña diferencia entre las dosis terapéuticas y tóxicas del retinol.

Vitamina D

La vitamina D tiene un efecto neuroprotector y participa en la interacción de los neurotransmisores en el cerebro y las hormonas. Por ello, se ha estudiado si la deficiencia de vitamina D en madres embarazadas podría ser un factor de riesgo para el TEA, sugiriéndose que una ingesta adecuada de vitamina D o su suplementación puede reducir el riesgo de padecer TEA al participar en el desarrollo adecuado del cerebro y el sistema inmunitario.

 

 

 

CONCLUSIÓN

 

El trastorno del espectro autista es una afección relacionada con el desarrollo del cerebro que afecta la manera en la que una persona percibe y socializa con otras personas, lo que causa problemas en la interacción social y la comunicación. El autismo, además es un trastorno del desarrollo con una prevalencia creciente, vinculado a alteraciones significativas en el sistema gastrointestinal de las personas que lo padecen.

La modificación del microbiota intestinal desempeña un rol crucial en la etiología del trastorno, con la proliferación de bacterias anormales que afectan la función de barrera y protección del organismo, lo que puede dar paso a problemas asociados al autismo. Este proceso puede resultar en un aumento de la permeabilidad intestinal, relacionado con selectividad, sensibilidad y rechazo de alimentos, así como alergias alimentarias que influyen en la alimentación de las personas con TEA y contribuyen a deficiencias nutricionales asociadas a los comportamientos característicos del trastorno.

Dentro de los tratamientos dietéticos propuestos se encuentran la dieta libre de gluten y caseína, la dieta de carbohidratos específicos, la dieta cetogénica y el uso de suplementos como ácidos grasos omega-3 y probióticos. La dieta de exclusión de gluten y caseína es la alternativa más comúnmente utilizada debido a las dificultades que enfrentan las personas con TEA para metabolizar estas proteínas, lo que puede dar lugar a la formación de nuevas moléculas problemáticas que desencadenan manifestaciones del trastorno. Esta dieta promueve la mejora de los síntomas cognitivos, tracto gastrointestinal, permeabilidad intestinal e hipersensibilidad. Asimismo, provoca una mejoría en el comportamiento social y comunicación. 

La dieta de carbohidratos específicos busca restablecer la función normal del intestino y prevenir el desarrollo de microorganismos patógenos en él, aunque aún no existen pruebas específicas sobre su eficacia en el tratamiento del autismo. Para finalizar es importante destacar que la ingesta de omega 3 tiene como resultado, en los pacientes con TEA, un aumento de las palabras producidas y el uso de gestos combinados, así como una mejora en la motivación social, en la conciencia y funcionamiento comunicativo social. También produce un efecto positivo en el comportamiento estereotipado y en la hiperactividad.




 

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